Quizás a Unamuno se le conoce más por sus ensayos y sus novelas que por su poesía. Sin embargo tiene varios libros de poemas bellísimos en los que se reflejan sus temas más característicos: los de carácter existencial y religioso, los del tema de España, los relacionados con Castilla que, como para todos sus compañeros del 98, para él era la tierra que mejor reflejaba la esencia de España. ¡Y eso que él era vasco! Y también tiene poemas amorosos dedicados a su mujer, porque es de los pocos poetas que canta el amor matrimonial. Aquí tenéis un poema como botón de muestra:
Tú me levantas, tierra de Castilla, en la rugosa palma de tu mano, al cielo que te enciende y te refresca, al cielo, tu amo.
Tierra nervuda, enjuta, despejada, madre de corazones y de brazos, toma el presente en ti viejos colores del noble antaño.
Con la pradera cóncava del cielo lindan en torno tus desnudos campos, tiene en ti cuna el sol y en ti sepulcro y en ti santuario. Es todo cima tu extensión redonda y en ti me siento al cielo levantado, aire de cumbre es el que se respira aquí, en tus páramos. ¡Ara gigante, tierra castellana, a ese tu aire soltaré mis cantos, si te son dignos bajarán al mundo desde lo alto!
¿A que todo el mundo sabe que Calisto -o Calixto- y Melibea se casaron? Pues si no lo sabéis, ya podéis leer este cuento de Azorín donde lo explica con todo detalle. El enlace lo tenéis aquí: "Las nubes". Azorín era un maestro en recrear episodios de la literatura. Se basaba en ellos y les modificaba el final, o inventaba alguna historia con los mismos personajes o en el mismo lugar... Lo hizo con un episodio de El Lazarillo, con una Novela Ejemplar de Cervantes..., y también con La Celestina, como podéis comprobar si leéis ente cuento, que además es precioso. Pertenece a su libro Castilla. Asun Hidalgo.
En clase apenas hemos estudiado a este poeta, hermano de Antonio. Me da un poco de pena, porque, aunque no es un poeta de tanta relevancia como él, también tiene poemas muy dignos e importantes. Os comenté que un poema muy famoso de él es el que se inspira en el Cantar de Mío Cid, en la escena famosa de la niña que, muy a su pesar, no puede ayudar al caballero y a sus mesnadas. Este es el poema. ¡Una maravilla! Asun Hidalgo.
Castilla
Manuel Machado (1874-1947)
El ciego sol se estrella en las duras aristas de las armas, llaga de luz los petos y espaldares y flamea en las puntas de las lanzas. El ciego sol, la sed y la fatiga. Por la terrible estepa castellana, al destierro, con doce de los suyos -polvo, sudor y hierro- , el Cid cabalga. Cerrado está el mesón a piedra y lodo. Nadie responde. Al pomo de la espada y al cuento de las picas el postigo va a ceder... ¡Quema el sol, el aire abrasa! A los terribles golpes, de eco ronco, una voz pura, de plata y de cristal responde... Hay una niña muy débil y muy blanca en el umbral. Es toda ojos azules y en los ojos lágrimas. Oro pálido nimba su carita curiosa y asustada. “¡Buen Cid, pasad...! El rey nos dará muerte, arruinará la casa, y sembrará de sal el pobre campo que mi padre trabaja... Idos. El cielo os colme de venturas... ¡En nuestro mal, oh Cid no ganáis nada!” Calla la niña y llora sin gemido... Un sollozo infantil cruza la escuadra de feroces guerreros, y una voz inflexible grita “¡En marcha!” El ciego sol, la sed y la fatiga. Por la terrible estepa castellana, al destierro, con doce de los suyos -polvo, sudor y hierro-, el Cid cabalga.
En clase hemos leído algunos poemas de Antonio Machado que no tenéis en el libro ni en las fotocopias. Os los cuelgo aquí. Espero que los leáis. Asun Hidalgo.
POEMA CRÍTICO ESCRITO EN CLAVE IRÓNICA:
LLANTO DE LAS VIRTUDES Y COPLAS POR LA MUERTE DE DON GUIDO
Al fin, una pulmonía mató a don Guido, y están las campanas todo el día doblando por él: ¡din-dan!
Murió don Guido, un señor de mozo muy jaranero, muy galán y algo torero; de viejo, gran rezador.
Dicen que tuvo un serrallo este señor de Sevilla; que era diestro en manejar el caballo y un maestro en refrescar manzanilla.
Cuando mermó su riqueza, era su monomanía pensar que pensar debía en asentar la cabeza.
Y asentóla de una manera española, que fue casarse con una doncella de gran fortuna; y repintar sus blasones, hablar de las tradiciones de su casa, escándalos y amoríos poner tasa, sordina a sus desvaríos.
Gran pagano, se hizo hermano de una santa cofradía; el Jueves Santo salía, llevando un cirio en la mano —¡aquel trueno!—, vestido de nazareno. Hoy nos dice la campana que han de llevarse mañana al buen don Guido, muy serio, camino del cementerio.
Buen don Guido, ya eres ido y para siempre jamás... Alguien dirá: ¿Qué dejaste? Yo pregunto: ¿Qué llevaste al mundo donde hoy estás?
¿Tu amor a los alamares y a las sedas y a los oros, y a la sangre de los toros y al humo de los altares?
Buen don Guido y equipaje, ¡buen viaje!... El acá y el allá, caballero, se ve en tu rostro marchito, lo infinito: cero, cero.
¡Oh las enjutas mejillas, amarillas, y los párpados de cera, y la fina calavera en la almohada del lecho! ¡Oh fin de una aristocracia! La barba canosa y lacia sobre el pecho; metido en tosco sayal, las yertas manos en cruz, ¡tan formal! el caballero andaluz.
(Campos de Castilla, edición de 1917)
UN EJEMPLO DE POESÍA EN EL QUE SE REFLEJA EL TEMA DE ESPAÑA:
EL MAÑANA EFÍMERO
A Roberto Castrovido.
La España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, devota de Frascuelo y de María, de espíritu burlón y alma inquieta, ha de tener su marmol y su día, su infalible mañana y su poeta. En vano ayer engendrará un mañana vacío y por ventura pasajero. Será un joven lechuzo y tarambana, un sayón con hechuras de bolero, a la moda de Francia realista un poco al uso de París pagano y al estilo de España especialista en el vicio al alcance de la mano. Esa España inferior que ora y bosteza, vieja y tahúr, zaragatera y triste; esa España inferior que ora y embiste, cuando se digna usar la cabeza, aún tendrá luengo parto de varones amantes de sagradas tradiciones y de sagradas formas y maneras; florecerán las barbas apostólicas, y otras calvas en otras calaveras brillarán, venerables y católicas. El vano ayer engendrará un mañana vacío y ¡por ventura! pasajero, la sombra de un lechuzo tarambana, de un sayón con hechuras de bolero; el vacuo ayer dará un mañana huero. Como la náusea de un borracho ahíto de vino malo, un rojo sol corona de heces turbias las cumbres de granito; hay un mañana estomagante escrito en la tarde pragmática y dulzona. Mas otra España nace, la España del cincel y de la maza, con esa eterna juventud que se hace del pasado macizo de la raza. Una España implacable y redentora, España que alborea con un hacha en la mano vengadora, España de la rabia y de la idea.
(Campos de Castilla, edición de 1917)
Y AHORA DOS EJEMPLOS DE POESÍA DE GUERRA:
La muerte del niño herido
Otra vez en la noche... Es el martillo de la fiebre en las sienes bien vendadas del niño. —Madre, ¡el pájaro amarillo! ¡Las mariposas negras y moradas!
—Duerme, hijo mío. —Y la manita oprime la madre, junto al lecho. —¡Oh, flor de fuego! ¿Quién ha de helarte, flor de sangre, dime? Hay en la pobre alcoba olor de espliego; fuera, la oronda luna que blanquea cúpula y torre a la ciudad sombría. Invisible avión moscardonea.
—¿Duermes, oh dulce flor de sangre mía? El cristal del balcón repiquetea. —¡Oh, fría, fría, fría, fría, fría!
Hora de España (Barcelona), n.º XVIII, junio 1938, p. 7.
El crimen fue en Granada
A Federico García Lorca
I
EL CRIMEN
Se le vio, caminando entre fusiles por una calle larga, salir al campo frío, aún con estrellas, de la madrugada. Mataron a Federico cuando la luz asomaba. El pelotón de verdugos no osó mirarle a la cara. Todos cerraron los ojos; rezaron: ¡ni Dios te salva! Muerto cayó Federico —sangre en la frente y plomo en las entrañas—. ... Que fue en Granada el crimen sabed —¡pobre Granada!—, ¡en su Granada!...
II
EL POETA Y LA MUERTE
Se le vio caminar solo con Ella, sin miedo a su guadaña. —Ya el sol en torre y torre; los martillos en yunque, yunque y yunque de las fraguas—. Hablaba Federico, requebrando a la Muerte. Ella escuchaba. «Porque ayer en mi verso, compañera, sonaba el eco de tus secas palmas, y diste el hielo a mi cantar, y el filo a mi tragedia de tu hoz de plata, te cantaré la carne que no tienes, los ojos que te faltan, tus cabellos que el viento sacudía, los rojos labios donde te besaban... Hoy como ayer, gitana, muerte mía, qué bien contigo a solas, por estos aires de Granada, ¡mi Granada!»
III
Se le vio caminar... Labrad, amigos, de piedra y sueño, en el Alhambra, un túmulo al poeta, sobre una fuente donde llore el agua, y eternamente diga: el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!
Ayuda. Semanario de la solidaridad, n.º 22, 17 de octubre de 1936, p. 3. Luego en Antonio Machado, La guerra (1936-1937), Madrid, Espasa-Calpe, 1937, pp. 25-29.
Estamos a punto de empezar el Modernismo. Para que os vayáis ambientando, os propongo la lectura de este cuento de Rubén Darío en el que podéis observar las principales caracteríscas de la literatura modernista: exotismo, léxico preciosista y lleno de color, elementos sensoriales... Ya lo comentaremos en clase más extensamente. El enlace lo tenéis aquí: "La muerte de la emperatriz de la China"
Sois muchos los que me habéis comentado que os ha gustado la novela que hemos leído de Baroja, Zalacaín el aventurero. Por eso me gustaría invitaros a leer algunos textos suyos. He encontrado un enlace en el que vienen varios. Os recomiendo de forma especial el primero de ellos, "Elizabide el vagabundo". El enlace lo tenéis aquí. Asun Hidalgo.
[Al inicio de la novela, don Fermín de Pas sugiere a Ana Ozores que haga confesión general. Ella reflexiona en su habitación. Este hecho permite al narrador presentarnos el pasado de la protagonista en un salto temporal hacia atrás o “flash back”].
CAP. III
-«¡Confesión general!» -estaba pensando-. Eso es la historia de toda la vida. Una lágrima asomó a sus ojos, que eran garzos, y corrió hasta mojar la sábana.
Estaba Ana sola en el comedor.Sobre la mesaquedaban la cafetera de estaño, la taza y la copa en que había tomado café y anís don Víctor, que ya estaba en el Casino jugando al ajedrez. Sobre el platillo de la taza yacía medio puro apagado, cuya ceniza formaba repugnante amasijo impregnado del café frío derramado. Todo esto miraba la Regenta con pena, como si fuesen ruinas de un mundo. La insignificancia de aquellos objetos que contemplaba le partía el alma; se le figuraba que eran símbolo del universo, que era así, ceniza, frialdad, un cigarro abandonado a la mitad por el hastío del fumador. Además, pensaba en el marido incapaz de fumar un puro entero y de querer por entero a una mujer. Ella era también como aquel cigarro, una cosa que no había servido para uno y que ya no podía servir para otro.
[Don Fermín de Pas acaba de enterarse de que Ana Ozores se ha desmayado la noche anterior bailando con Álvaro Mesía. No logra contener sus celos. Y ella se da cuenta de sus verdaderos sentimientos.]
CAP. XXV
-Sí, usted lo ha dicho... Y ese es el camino. Yo sin Dios... no soy nada... Sin Dios puede usted ir a donde quiera, Ana... esto se acabó... Estoy en ridículo, Vetusta entera se ríe de mí a carcajadas... Mesía me desprecia, me escupirá en cuanto me vea... El padre espiritual... es un pobre diablo. ¡Oh, pero por qui
en soy... Miserable... Me insulta porque estoy preso!...
Aunque resulte extraño, al conjunto heavy Tierra Santa le ha interesado Espronceda. ¡Lo que son los clásicos! Si la queréis oír aquí la tenéis:
Texto completo del poema;
Canción del pirata
Con diez cañones por banda, viento en popa, a toda vela, no corta el mar, sino vuela un velero bergantín. Bajel pirata que llaman, por su bravura, El Temido, en todo mar conocido del uno al otro confín.
La luna en el mar riela en la lona gime el viento, y alza en blando movimiento olas de plata y azul; y va el capitán pirata, cantando alegre en la popa, Asia a un lado, al otro Europa, y allá a su frente Istambul:
Navega, velero mío sin temor, que ni enemigo navío ni tormenta, ni bonanza tu rumbo a torcer alcanza, ni a sujetar tu valor.
Veinte presas hemos hecho a despecho del inglés y han rendido sus pendones cien naciones a mis pies.
Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria, la mar.
Allá; muevan feroz guerra ciegos reyes por un palmo más de tierra; que yo aquí; tengo por mío cuanto abarca el mar bravío, a quien nadie impuso leyes.
Y no hay playa, sea cualquiera, ni bandera de esplendor, que no sienta mi derecho y dé pechos mi valor.
Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria, la mar.
A la voz de "¡barco viene!" es de ver cómo vira y se previene a todo trapo a escapar; que yo soy el rey del mar, y mi furia es de temer.
En las presas yo divido lo cogido por igual; sólo quiero por riqueza la belleza sin rival.
Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria, la mar.
¡Sentenciado estoy a muerte! Yo me río no me abandone la suerte, y al mismo que me condena, colgaré de alguna antena, quizá; en su propio navío Y si caigo, ¿qué es la vida? Por perdida ya la di, cuando el yugo del esclavo, como un bravo, sacudí.
Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria, la mar.
Son mi música mejor aquilones, el estrépito y temblor de los cables sacudidos, del negro mar los bramidos y el rugir de mis cañones.
Y del trueno al son violento, y del viento al rebramar, yo me duermo sosegado, arrullado por el mar.
Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria, la mar.